Historia de la Masonería

Vamos a extendernos en el aspecto histórico de la Masonería, pues al hacerlo se abordan muchas cuestiones que aclaran principios confusos y malentendidos, cuya clarificación es necesaria a fin de entender qué somos y qué pretendemos.

La cuestión del origen de la Masonería es algo compleja, pudiendo incluir varias contestaciones. Se dan unos orígenes míticos o simbólicos tanto en la organización de los Iniciados Egípcios, de los constructores del Templo de Salomón en Jerusalén, de los Misterios de Eleusis, etc... De esta manera, la enseñanza de las sociedades iniciáticas de la Antigüedad preparó, configuró y transmitió en gran medida el ideal, el simbolismo y la forma de trabajar de la Masonería.

Históricamente, las asociaciones de francmasones (obreros libres de la construcción) aparecen en las obras de las catedrales y monasterios medievales. El simbolismo del obrero libre en un mundo dominado por el criterio feudal del vasallaje era algo más que el material, simbolizaba el compromiso que cada participe de la obra aceptaba mediante la reflexión personal. De esta manera, mientras los Iniciados eran conscientes del significado profundo de palabras y símbolos, el mundo en el que se movían solía quedarse sólo con el aspecto externo de la cuestión. Para mejor explicar esta diferencia nos sirve el ejemplo de los alquimistas: éstos afirmaban poder convertir el plomo en oro mediante una maravillosa piedra que decían poseer la piedra filosofal. Mientras que la sociedad solía entender esta piedra como algo real y mágico, los Iniciados simbolizaban con ella la Sabiduría, capaz de transformar la energía humana básica en fuerza constructiva, tanto en lo espiritual como en lo material.

Los francmasones, convencidos de que la obra material de la Catedral y la espiritual del perfeccionamiento humano sólo era realizable mediante individuos libres honrados yresponsables, transmitían en sus reuniones "iniciáticas" conocimientos científicos y filosóficos, como se realizó en las sociedades iniciáticas de la Antigüedad. Se partía de la concepción de que el Universo se rige por leyes armónicas y complementarias, leyes que poco a poco pueden irse conociendo, y que este conocimiento filosófico y material puede aplicarse al ser humano, parte fundamental del Universo, a fin de armonizarlo y perfeccionarlo. Junto a ello se daba la transmisión gradual del conocimiento (los diferentes grados masónicos), y el aspecto de solidaridad o ayuda mutua entre todos ellos.

Con frecuencia se acusa a las corporaciones de francmasones medievales de haber sido meras instituciones gremiales de monopolio local del conocimiento. Aunque no dudamos de que ello fuera así en muchos casos, toda vez que cualquier obra humana está sujeta a fallos y a utilizaciones indebidas, la norma general no era ésa. Cuando un francmasón alcanzaba el grado de Maestro, es decir, capaz de crear por sí mismo, circulaba libremente por todas las logias, instruyendo a los aprendices y creando escuela. Por ello, los conocimientos arquitectónicos y simbólicos eran rápidamente extendidos -para los baremos de la época- por toda Europa. Eso sí, el conocimiento era transmitido solo a los iniciados, partiendo de la idea ya mencionada: para realizar la obra no era suficiente la simple habilidad artística o "científica", sino que a ello debía unirse el conocimiento filosófico y el desarrollo espiritual. No bastaba con ser un buen cantero o vidriero, sino que además se exigía ser libre, honrado y responsable.

El arte de construir grandes obras con sentido filosófico inició un decaimiento progresivo, y en el siglo XVIII permanece apenas un sentido de labor filosófica y de ayuda mutua entre los francmasones.

El 24 de junio de 1717 se reúnen los masones de Londres para celebrar el Solsticio de Verano, y constituyen la primera Gran Logia. Se trata del hito que marca la aparición de la Masonería Especulativa, cuya obra de construcción es simbólica, filosófica y social, a diferencia de la Masonería Operativa, cuya construcción era material. La transformación no fue repentina, sino gradual, y en ella sobreviven rituales, símbolos y tradiciones de muy antiguo origen. La Masonería moderna entiende que el ser humano y la Humanidad ideales deben ser construidos, piedra a piedra, con la misma libertad y honradez, con el mismo amor y respeto, con los que se construía una catedral.

La Gran Logia de Londres se convirtió en foco creador de innumerables logias en todo el mundo, que progresivamente fueron creando sus propias organizaciones nacionales (Grandes Logias o Grandes Orientes en cada país), vinculadas todas ellas por fraternales lazos de solidaridad y reconocimiento mutuos. La mayor diferencia entre Obediencias (Organizaciones) se produce en la segunda mitad del siglo pasado, al decidir el Gran Oriente de Francia y, progresivamente, otras Obediencias Masónicas, la aceptación de agnósticos o ateos entere sus miembros, en contra del sistema anglosajón, que acepta todas las creencias pero no la ausencia de ellas. La razón de esta diferencia es de origen histórico y social. Mientras que en Gran Bretaña la Iglesia anglicana favoreció y promovió la Masonería, y la evolución política fue gradual, en otros países de Europa se produjo una pugna entre la Iglesia oficial y la realidad social, y una evolución política con frecuencia traumática.

De esta diferencia de criterios surgió una Masonería de sistema anglosajón, que se llama a sí misma regular y difícilmente reconoce a las otras, y una Masonería liberal, donde nos encontramos nosotros. Pese a todo, los masones trabajamos en nombre de la Masonería universal, nos esforzamos en no plantear enfrentamientos, y nuestras relaciones son, en la mayor parte de los casos, fraternales y de reconocimiento mutuo. La Masonería no está dividida: es como un árbol con muchas ramas, pero el tronco es el mismo y desde años se persigue el acrecentamiento del común espíritu masónico. A nuestro juicio, tan perjudicial sería un enfrentamiento interno como un monolitismo ajeno a las ideas y prácticas masónicas.